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Resiliencia: resurgir ante la tragedia

Estamos de fiesta, pues esta noble empresa cumple su aniversario número veinte y el número ocho de la revista, por lo cual me sumo a la algarabía y mando todos mis parabienes a todos los que hacen posible que esta revista hoy esté en sus manos; en especial abrazo con respeto a sus fundadores desde todas las dimensiones posibles.

Esta celebración me llevó a pensar justo en el tema de la resiliencia. Mi abuela solía decir que la vida era como la rueda de la fortuna, ya que todos tenemos que pasar forzosamente por las diferentes posiciones, lo cual es cierto. Generalmente se piensa que las complicaciones que se te presentan en la vida son castigos, y creo que desde ahí debemos empezar con una nueva postura: las cosas buenas y malas son parte de la vida misma, por lo tanto, es responsabilidad de cada persona fortalecer las estrategias de afrontamiento que se tienen con cada una.

¿Qué es la resiliencia? Esta propuesta fue fundada por Boris Cyrulnik, psiquiatra francés, que durante la Segunda Guerra Mundial cuando tenía seis años, una enfermera lo ayudó a sobrevivir, escondiéndolo debajo de una mujer moribunda. Para este gran maestro, la resiliencia significa iniciar un nuevo desarrollo después de un trauma, es decir, tener las condiciones adecuadas para volver a empezar después de un acontecimiento difícil que cambie súbitamente la vida, como la muerte de un ser querido, una enfermedad grave, una guerra, una noticia impactante, un divorcio complicado, perder la estabilidad económica, entre muchos otros.

La resiliencia puede desarrollarse como un proceso durante la vida. De manera natural las personas se van adaptando a los sucesos negativos de sus historias, la propuesta ahora sería que, en lugar de experimentar un estrés postraumático, lo que se desarrolle sea un crecimiento postraumático, para convertirse poco a poco en personas con mejores estrategias de afrontamiento ante las complicaciones de la vida.

Como cualquier aprendizaje en la vida, conlleva esfuerzo, voluntad y disciplina. Claro está que cada persona tomará la mejor ruta que se adapte a su propia historia para llegar a la resiliencia.

¿Cómo conseguimos comenzar este proceso?

Lo primero que debemos entender es que la tragedia o los problemas no son castigos de la vida, dioses o karma, son eventos que les pasan a todas las personas y nadie está exento, así que no debe vivirse la vida como una amenaza continua.

De igual manera se propone soltar aquellas creencias que condicionan a especular que con pensar en la catástrofe ya lo estás atrayendo a tu vida, pues en ocasiones, de acuerdo con los diferentes tipos de personalidad, los pensamientos llegan a pesar de que no se quieran tener, y eso no garantizará que las cosas malas ocurran.

La normalidad es que todas las personas de manera ordinaria puedan llegar a la resiliencia, como todo proceso se consigue a través de ciertas condiciones y características, pero sobre todo, irlo poniendo en práctica día con día.

La resiliencia no es una poción mágica que evite el dolor, la ansiedad, el miedo, incertidumbre o la tristeza, propias de un proceso de pérdida, al contrario, será necesario atravesar por ellas para llegar al destino esperado.

Recomendaciones:

  • La vida tiene episodios buenos y malos, rendirse ante las cosas que no se puedan cambiar y comenzar a trabajar en la resiliencia.
  • Confiar en las fortalezas con las que se cuenta.
  • Acelerar los procesos nunca dará resultados positivos en este campo, se recomienda volver a tener tolerancia de los procesos lentos.
  • Pensar que la felicidad es un camino y no un destino al cual se deba llegar, y como todo camino puede tener complicaciones. Lo más importante es entender que la ruta a seguir está en nosotros mismos y no en el exterior.
  • La inteligencia emocional permite ejercer gobierno en el caos.
  • El dolor no es negativo y debemos atravesarlo.
  • Mantén un lenguaje positivo frente a la vida para que la manera de construir el mundo sea asertiva.

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