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Dra. Hanae Beltrán Nishizawa

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Duelos silenciados por confinamiento

Arrancamos un nuevo año, un nuevo capítulo dentro de nuestro libro de vida; lo sé, seguro estás pensando, vaya manera de comenzar, justo por estos tiempos al inicio del 2020 nos comenzábamos a preocupar con el virus Covid-19, del cual no teníamos muchos datos y que jamás imaginamos los alcances que cobraría a nivel mundial, país, comunidad, pero sobre todo, el impacto que tendría dentro de nuestras vidas privadas. En este artículo quiero poner los reflectores y subrayar la situación de distanciamiento social, al cual hemos estado sometidos alrededor de 11 meses.

Los mexicanos tendemos por cultura a vivir siempre cercanos a nuestras familias y amigos; buscamos cualquier pretexto para poder reunirnos, ya sea en momentos difíciles como en los alegres. Lamentablemente esta situación por confinamiento nos ha llevado a que justo se cumpla casi un año donde hemos pasado un sinfín de celebraciones y conmemoraciones absolutamente atípicas. No vimos desfilar a nuestros pequeños vestidos de divertidos animales para dar la bienvenida a la primavera, tampoco pudimos obtener esas imágenes increíbles de las pirámides del sol vestidas de blanco para tener buenas vibras por el solsticio de primavera, la Semana Santa no permitió los descansos o las misas más significativas para los católicos, el Día de las Madres no permitió celebrarlas como nuestras costumbres nos dictan, las comidas por el Día del Padre han quedado pendientes, las vacaciones de verano quedaron suspendidas hasta nuevo aviso, las Fiestas Patrias se vivieron con un Zócalo vacío, en el sincretismo adquirido por el Halloween no vimos ríos de niños pidiendo su calaverita, los cumpleaños no pudieron ser celebrados como se acostumbran, por no contar a todos aquellos que se graduaron, se casaron, se embarazaron, se comprometieron o tuvieron algún evento importante es sus vidas…

Y bien, después de este recorrido que nos da como resultado no sólo la preocupación, estrés, ansiedad por la situación vivida, nos deja, además, una serie de duelos silenciados, pues si las cosas están tan mal en el mundo no podríamos alzar la voz y poder expresar que necesitamos estar en comunidad, ya que somos seres sociales por naturaleza y nuestras historias pierden un tanto el sentido cuando no son compartidas con los nuestros.

Siendo así tenemos un nudo de emociones dentro de nosotros, donde tal vez ni sepas que estás transitando por esta serie de duelos al perder la posibilidad de socializar y narrar tus vivencias con los tuyos.

Así que será importante que entendamos que estas situaciones también pueden generarnos duelos. Sí, duelos que hasta este momento han sido silenciados, pues aparentemente como humanidad tenemos preocupaciones más importantes que atender, pero eso no evitará que nuestro cerebro, corazón, estómago y la memoria de la piel no reaccionen; de una manera con diferentes pensamientos y conductas no tan positivas ni para nosotros y, por supuesto, menos para el entorno.

Conócete a ti mismo

Te recomiendo que comiences en primer momento a reconocer tus sentimientos y emociones, que no confundas, por ejemplo, el miedo por la culpa o la ira o a la inversa.

En este momento es importante que te conectes con tus emociones y con tus sentimientos y que aprendas a escucharte, es decir, como nos enseñó la máxima Socrática hace miles de años “Conócete a ti mismo”.

Esta conexión con nuestras emociones y sentimientos nos permitirá sentirlas y experimentarlas para evitar negarlas o enmascararlas.

El ser humano desde sus inicios ha sido un gran constructor de narraciones, pues esas historias con sus significados, nos llevan a construir la realidad en la que vivimos, ya que las creencias que tenemos nos permiten abrirnos a posibilidades infinitas positivas o negativas, así que es momento de que nuestros relatos, testimonios respecto de este periodo de confinamiento nos permita tener un crecimiento postraumático, en lugar de un estrés postraumático, pudiendo salir más fortalecidos de esta experiencia límite que ha venido a ponernos a prueba en muchos aspectos.

Demos un sentido al sufrimiento por todas las pérdidas silenciadas durante este confinamiento, comenzando con poderlas nombrar, pues como te explicaba somos seres narrativos. Así que, si es necesario cuéntalas, escríbelas, hazlas arte o lo que necesites, pero exprésalas para que, transitando por el proceso de duelo, te permita dar un significado a la experiencia vivida.

Porque el dolor no tiene horarios, 24 horas los 365 días del año.