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El proceso de duelo tras una jubilación

El proceso de duelo tras una jubilación

Abraza este proceso y transítalo disfrutando tu nueva forma de vida.

Cuando transitamos por la vida, de pronto tienes que elegir qué vas a hacer en el ámbito profesional. En un abrir y cerrar de ojos te encuentras trabajando y dando lo mejor de ti; te acostumbras a los compañeros de trabajo que, sin darte cuenta, se convierten en parte de tu historia, y puede ser que día con día generes lazos con ellos de fraternidad. Y así, pasan semanas, meses, años e, incluso, décadas… Puede ser también que, por algunas causas, cambies de trabajo y el proceso de adaptación y dominio de tus tareas tenga que volver a empezar y nuevamente cruzar todas las fases, las veces que sean necesarias, hasta que llegue esa edad en donde puedas jubilarte.

Sin embargo, aunque no se crea, este proceso que siempre se imaginó liberador, puede ser uno de los duelos más complicados que las personas pueden enfrentar a lo largo de su historia.

¿Y por qué? Pues bien, ese día tan anhelado llega… una mañana donde el despertador ya no sonó más y tu teléfono deja de timbrar permanentemente, las obligaciones han parado y te ves ahí, sin la gente que te acompañó por un periodo importante en tu vida. Y, de pronto, sin entender exactamente qué está pasando, tus emociones se convierten en una moneda de dos caras: cuando en teoría tendrías que estar disfrutando, en realidad extrañas todo lo que hacías e, incluso, las responsabilidades que tenías. No entiendes el cúmulo de sentimientos y esa montaña rusa de sensaciones.

EMOCIONES QUE PUEDES SENTIR TRAS LA JUBILACIÓN

  • Sensación de ambigüedad por no estar disfrutando este momento como lo soñaste tanto.
  • Extrañar todo aquello que te rodeaba, desde tus compañeros de trabajo, la rutina e, incluso, lo que no te gustaba tanto.
  • De pronto sentir que ya no eres necesario para tal o cual cosa.
  • Ver que el trabajo seguirá en pie aun sin ti, cuando muchas veces te llegaste a sentir necesario.
  • Tristeza al sentir un profundo vacío dentro de tu corazón, como si el tiempo se hubiese suspendido e incluso en los primeros meses no se quiere emprender nada de lo que tanto se había soñado.
  • Temor por todos los hechos futuros de realización incierta, como el tema de no recibir lo suficiente para poder vivir dignamente a través de tu jubilación.

Estas emociones por las que estás transitando son totalmente normales. Y como primer paso debemos abrazarlas y darles la bienvenida.

RECOMENDACIONES PARA SUPERARLO

  • No quieras fingir que no estás transitando por un proceso complejo, acepta lo que tu cuerpo necesite expresar.
  • Habla con tus compañeros más cercanos y con los que generaste algunos lazos de fraternidad y amistad para explicar que no quieres que la separación sea de tajo y que tal vez necesites de su presencia en diferentes modalidades, no tengas miedo a verte vulnerable.
  • Descansa y trata de ir calmando tu mente poco a poco para que al irte recuperando puedas estar con la mente fría y pensar que las decisiones que vengan serán las mejores para tu misión y propósito de vida.
  • Realiza un listado de aquellas actividades que te gusten y que tuviste que poner en pausa por motivos laborales, es momento de sacarlas del congelador.
  • Si no tienes tan claro qué hacer, pues entonces es una excelente oportunidad de comenzar a preguntarte por ellas y tratar de experimentarlas para ver cuál quieres abrazar.
  • Ten una idea clara, te estás jubilado, más con eso no ha terminado tu vida, así que construye y hecha para adelante un nuevo proyecto en tu vida.
  • Tal vez sea hora de acercarte a tus seres queridos y construir momentos mágicos e inolvidables.
  • No pierdas el tiempo en aburrirte mejor disfruta estar aquí y ahora con tantas páginas por escribir.
  • Enamórate de ti mismo. Pasar tiempo contigo e ir descubriéndote será fortalecedor y te sorprenderás gozando la vida desde otra trinchera.

Como diría uno de los mejores tanatólogos de México, el doctor José López Estrada, lo más importante es seguir conectados con la vida.

Si necesitas acompañamiento experto de un tanatólogo, no dudes en pedir ayuda. Porque el dolor no tiene horarios, 24 horas los 365 días del año.